Nuestra metodología

Publicamos nuestro método de cálculo porque un test que oculta su funcionamiento no es verificable, y un instrumento político no verificable no merece confianza.

La estructura de dos ejes desciende del trabajo de análisis factorial de Hans Eysenck en los años cincuenta. Al aplicar el análisis factorial a respuestas de encuesta sobre actitudes políticas, Eysenck halló que hacían falta dos dimensiones subyacentes para explicar el patrón de correlaciones observado: una dimensión económica familiar y una segunda, independiente, que recogía las actitudes ante la autoridad, la disciplina y la conformidad. Lo decisivo es que esa segunda dimensión aparecía en ambos extremos económicos. La forma visual de la brújula debe más al diagrama de David Nolan de 1971, que dispuso la libertad económica y la libertad personal como dos ejes de un cuadrado.

Cada una de las quince afirmaciones se asigna a un eje y lleva un peso. El peso tiene un signo, que indica la dirección en que el acuerdo desplaza la puntuación, y una magnitud, que refleja cuánto discriminan las respuestas a esa afirmación entre posiciones. Una afirmación sobre fiscalidad progresiva lleva su peso en el eje económico; una sobre vigilancia estatal lo lleva en el eje social.

El cálculo procede así. Tu respuesta en la escala de cinco puntos se convierte en un valor de -2 a +2. Cada valor se multiplica por el peso de su afirmación. Los productos se suman por separado para cada eje. Cada suma se divide luego por la puntuación máxima alcanzable en ese eje y se multiplica por 10, produciendo una coordenada final entre -10 y +10. Como la normalización usa el máximo alcanzable y no el rango observado, el punto neutro de la escala de respuesta corresponde al centro de la brújula. No es un detalle: varios tests públicos muy conocidos sitúan a la gran mayoría de quienes responden en un solo cuadrante, lo que indica un problema de calibración más que un hallazgo sobre la población.

Las afirmaciones se reparten por igual entre los dos ejes, de modo que ninguno se mida con más precisión que el otro. Están redactadas para sondear principios de fondo en lugar de políticas o partidos concretos, porque las posiciones de los partidos se desplazan y una pregunta atada a ellas deja de ser informativa en pocos años.

Revisamos periódicamente el conjunto de preguntas. El propósito de la revisión es comprobar que cada afirmación sigue discriminando entre posiciones como se pretendía. El lenguaje político cambia, y una afirmación que hace diez años dividía las opiniones de forma informativa puede volverse universalmente aceptada o ininteligible. Cuando una afirmación deja de hacer un trabajo útil, se sustituye en lugar de conservarse por continuidad.

Por último, una advertencia válida para todos los instrumentos de este tipo, el nuestro incluido. Dónde se sitúan los ejes, cómo se redactan las afirmaciones y qué posiciones acaban cerca del centro son decisiones de quienes construyeron el test, y decisiones distintas pero igualmente defendibles producen resultados distintos para la misma persona. Un resultado de la brújula es un estímulo para la reflexión, no una medición en el sentido en que la produce un termómetro.